Políticos que recogen firmas por la niñez, ¿oportunistas?
 

Por José Alejandro Castaño

Gilma Jiménez es concejal de Bogotá y lidera la recolección de tres millones de firmas para imponer la prisión perpetua a violadores y asesinos de niños. Muchos la vieron por televisión vestida de negro, manoteando, vociferando en contra de Orlando Pelayo, el padre de Luis Santiago, el bebé asesinado en Chía el 24 de septiembre.

A su favor habrá que admitir que su afán por aumentar las penas contra las agresiones de los niños no nació el mismo día en que el entierro de ese pequeño se convirtió en espectáculo televisivo, a la manera de los realitis donde siempre se inventan un héroe de temporada.

Contrario a lo que parece, Gilma Jiménez no es alta, pero tal vez no lo necesite: resulta una mujer tan decidida que muy pocos intentan llevarle la contraria. Durante su primer período como concejal de Bogotá por el Partido Liberal fue autora de los llamados Muros de la infamia, que exponían en público el rostro de violadores de niños para que todos los conocieran y pudieran gritarles lo que se merecían. Algo pasó.

Los pedófilos reclamaron su derecho al buen nombre, a la honra, a no ser burlados. La Justicia, para mortificación de la concejal, decidió protegerlos y los Muros de la infamia debieron ser desmontados.

Jiménez también promovió la reglamentación de las ‘chiquitecas’ y la exigencia de estándares de calidad para el funcionamiento de los jardines infantiles. Su lucha más reciente fue para que todas las mujeres accedieran a medios de planificación gratuitos, razón por la cual el sacerdote colombiano Alfonso López Trujillo, muerto en Roma en abril pasado, la acusó de fomentar la promiscuidad. Jiménez dice que nunca perdió el sueño por eso.

Esta semana, ella caminó las calles de Barranquilla recogiendo firmas para su proyecto de cadena perpetua. No estuvo sola, varios concejales de la ciudad la acompañaron.

¿Algunos de los políticos que ahora se subieron a su bus, que andan con la camiseta puesta recogiendo firmas para imponer la condena de prisión de por vida, no son unos oportunistas?

Este es un esfuerzo que necesita del apoyo de muchas manos, de mucha gente. El rescate de los derechos de nuestros niños es una obligación del país entero, no solo mío.

Sí, pero uno ahora le ve acompañada de políticos más bien perezosos que nada o muy poco han hecho por los niños y ahora, aprovechando el consenso general, posan de defensores cuando nunca lo fueron…

Yo no sería tan dura. ¿Usted no cree que este esfuerzo debería unirnos más?

Sí, claro. Pero me quedan dudas sobre qué tan genuinas y francas sean las motivaciones de algunos políticos. El Congreso, por ejemplo, se tomó siete años para aprobar la Ley de Infancia, y todo porque a los parlamentarios nunca les importó demasiado esa Ley. Ahora, algunos de ellos se ponen la camiseta de los niños. ¿No es una moda?

Ahí hay unos a los que esto siempre les importó un bledo, esa es la verdad, pero déjeme decirle que más allá de los reparos sobre este o aquel congresista o concejal, la finalidad última de este esfuerzo es el bienestar y seguridad de nuestros niños, y lo vamos a sacar adelante con ayuda o sin ayuda de algunos de ellos.

¿Usted cree en serio que imponer la cadena perpetua sí reduzca los abusos contra los niños?

No me queda la menor duda. Ese es un paso que debemos dar ya, se lo debemos a nuestros niños y niñas.

¿Pero usted sí cree que un hombre en un barrio de invasión, acostado en la misma cama con tres menores, dos de las cuales no son sus hijas, va a dejar de abusar de una de ellas porque, de pronto, recuerda que hay una Ley de cadena perpetua? ¿No es usted ingenua?

Primero, ya es hora de vencer un prejuicio muy arraigado y es que la violación y el maltrato es fenómeno de gente pobre. Los asesinos y violadores de niños no distinguen clase social. Lo que pasa es que en las clases altas se tapa y se finge más por temor al qué dirán. Ahora: yo sí estoy convencida de que la cadena perpetua sí le manda un mensaje clave a nuestra sociedad. Es que en nuestra Constitución se expresa que los derechos de los niños están por encima de cualquier otro, entonces debemos hacer valer eso. El mensaje es que este país sí es capaz de asumir una condición de excepcionalidad en la defensa de los derechos de los niños. Hace muy poco, eso solo nos importaba a unos pocos...

Bueno, quizás a algunos noticieros de televisión nacional no les importaba tanto. Pero déjeme decirle que antes de que los directores de los canales privados les ordenaran a sus presentadoras vestirse de luto para transmitir el entierro de Luis Santiago y les pidieran a sus periodistas que leyeran poemas en directo y que le pusieran banda sonora a las imágenes de la madre llorando sobre el ataúd del pequeño, aquí en Barranquilla ya habíamos denunciado otros muchos casos, igual de tristes y dolorosos, pero nada pasó. Ninguno de los concejales de Barranquilla que ahora caminan las calles recogiendo firmas con usted dijeron nada…

Yo también he escuchado críticas por el manejo de los noticieros de televisión al caso de Luis Santiago. Y seguramente habrá muchas cosas que mejorar. Pero hay que advertir que si no fuera por los medios de comunicación este seguiría siendo un tema menor. Ustedes son claves en este esfuerzo. Y también los líderes de opinión y la sociedad toda, y la Iglesia...

A propósito, ¿qué le ha dicho la Iglesia sobre su proyecto de castigar a violadores a cadena perpetua? Usted sabe, con todos los escándalos de sacerdotes pedófilos…

La cadena perpetua no contempla excepciones: sea cura, tío, papá, primo o hermano, los violadores irán el resto de su vida a la cárcel. Lo que la Iglesia nos ha dicho es que apoyaría la idea de cadena perpetua si, además, el proyecto contempla el mismo castigo para los casos de aborto.

Y usted que piensa?

Que no son actos equiparables. Una cosa es el asesinato de un niño de ocho años y otro, por ejemplo, la intervención médica de suspensión del embarazo de una joven violada.

Iniciativa ciudadana

Las 3 millones de firmas que pretenden recoger los promotores se entregarán a la Registraduría en diciembre, para que sea aprobado el referendo que modificaría el Artículo 34 de la Constitución Nacional, el cual prohíbe la prisión perpetua.

Una dolorosa revelación

¿Qué nuevas revelaciones conoce del caso de Luis Santiago?

Recientemente el Fiscal General contó que habían logrado precisar que el cuerpo del bebé estaba contaminado con saliva y semen, lo que demuestra que el pequeño fue objeto de algún tipo de rito antes de ser asesinado. ¡Es una barbaridad! Los investigadores encontraron que el bebé tenía rastros de besos por todas partes, en su carita, brazos y genitales.

¿Entonces también fue agredido sexualmente?

No fue penetrado, pero sí fue agredido. Ese es otro mito que debemos cuestionar. Nuestra actual legislación contempla demasiadas categorías del abuso, y los jueces casi parecen plantear que, a veces, los niños y niñas son más o menos violados dependiendo de si hubo o no penetración. La verdad es que, viendo un caso como el de Luis Santiago, está claro que sí hubo una agresión sexual. Contra ese crimen no cabe otra cosa que la prisión perpetua.